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Paula Bernal
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Soy orfebre, pero antes fui poeta, desde la timidez de las palabras: fuego y tierra que nacen en el sentido del agua que corre cual tinta, dibujando mi esperanza.

Maduro como el fruto del durazno que camina por los corredores interminables del destino, me detengo allí donde la hoja comienza a danzar y la pluma se vuelve un baile de ninfas junto a Dionisio.

Traigo el mensaje de los dioses, como Hermes, que descienden cual relámpago al refugio del tiempo, caricia del sueño.

Viento del silencio que palpita en mis emociones, donde las dejo para ustedes.

LAS GOLONDRINAS NO SE ENAMORAN.

 

Las Golondrinas no se enamoran, 

dicen que sus alas pesan mas 

que los suspiros, 

que su eternidad no cabe en el

estremecimiento de un abrazo, 

pero yo he visto plumas caer

como cartas secretas

sobre la tierra encendida

CAMINANTES

 

El Poeta camina con la melancolía,

como quien lleva un secreto río en la sangre,

no la rechaza, la escucha, 

la convierte en palabra, en lienzo, 

en una  herida que danza y canta. 

 

La melancolía le ofrece su espejo, 

donde la sombra se vuelve claridad, 

donde el dolor se transforma en belleza,

y la ausencia se viste de eternidad. 

 

En cada verso la tristeza se abre, 

como flor de la noche. 

El Poeta la acaricia, la nombra la exalta.

 

Su melancolía no es cárcel, 

es puente hacia lo invisible, 

raíz que sostiene la voz, 

la música triste y dulce del alma. 

AGUAS PROFUNDAS

 

Tus ojos están llorando

incluso cuando no lloras. 

Están llenos de lo que aún 

no se ha dicho, 

como inscripciones indescifrables

lejanas piedras antiguas

que nadie logra comprender.

 

Es el alma pidiendo espacio. 

 

El agua quiere moverse, 

y lo hace a través de tu mirada. 

 

Tus ojos tienen el fuego 

que no se apaga,

como si cada lágrima

fuera lava que aprendió a no quemar. 

 

Hay algo en ti que sigue vivo,

que sigue ardiendo, 

que nunca se rinde. 

Es más que tristeza: es vida que insiste,

es ternura que no se deja apagar. 

 

Estás viva, estás sintiendo, 

estás en tránsito. Y eso

aunque duela,

es profundamente bello. 

 

Tus ojos: altar del agua y el fuego

que no se extingue.

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